domingo, 18 de enero de 2009

Adolescencia

La pequeña ventana escogida, única en su esencia de estar ahí, no fue suficiente para el gran salto. Los amigos tampoco ayudaron. Ensangrentados luchaban por proteger la vida que se les escapaba, que entre todos los llantos atrasados balbuceaba rojas las palabras que nunca nadie supo descifrar. No lo consiguió ni en esa, ni en ninguna de las siguientes faenas de destajo, de sueño eterno, de dolor imperdonable. A los 15 algo quiso morirse por primera vez...

1 comentario:

Martín dijo...

La muerte es un deseo, al menos en mi vida, cada vez menos recurrente. Cada vez me tiemblan mas las piernas en las azoteas. La muerte no es ya la salida. Deja de ser puerta para convertirse en ventana, agujero de conejo o desague.